Conjunto arqueológico I
NAVETA I
Conjunto formado únicamente por la Naveta I, excavada durante las campañas de 1996 a 1999 y restaurada en 2001, 2007 y 2010. Estamos ante una naveta de planta alargada con una longitud de 16 m y 7 m de ancho en la zona de la fachada. El grosor de los muros oscila entre los 2 y los 3 m, mientras que la altura conservada mueve en torno del metro y medio. Aunque, teniendo en cuenta otros ejemplos mejor conservados, pensamos que en su estado original podría haber tenido hasta 3m de altura.
El estudio de los muros, realizado a través de diferentes catas en los mismos y el dibujo de la planta y el alzado, ha permitido observar la técnica constructiva. Los muros están realizados en con técnica de piedra seca utilizando bloques ciclópeos. Presentan una estructura tripartita. El paramento exterior está construido con grandes bloques poligonales mientras que el paramento interior presenta una técnica más refinada con bloques muy bien trabajados que presentan formas que tienden a la homogeneidad, oscilando entre el cuadrado y el rectángulo. Entre los dos paramentos se dispone un relleno de piedras pequeñas y medianas y tierra que otorga una gran solidez al conjunto.
Los grandes bloques de piedra se colocaban directamente sobre la tierra, sin que exista evidencia de trincheras de fundamentación, y a continuación se falcaban con piedras de pequeño tamaño en forma de cuña, quedando así perfectamente trabadas por su propio peso. El sistema de falcado no se utilizaba únicamente para estabilizar las bases de los bloques sino que también se utilizaba en los espacios que quedaban entre los bloques.
Respecto al techo, durante la excavación se documentó un nivel (UE 34) con una gran cantidad de restos de arcilla, algunas de las cuales presentaban marcas de elementos vegetales, y una gran cantidad de carbones, algunos de gran tamaño, básicamente de acebuche. Esto nos ha dado pie a defender que muy probablemente la techumbre de esta naveta consistía en remas de acebuche posteriormente recubiertas con ramaje. Finalmente, se recubría con argila con el objetivo de impermeabilizar el conjunto.

Visión general de la Naveta I (Año 2009)
Interior.
Mediante el estudio estratigráfico detallado del interior de la Naveta I se documentaron dos fases diferentes de ocupación en los que se observaron dos configuraciones internas sensiblemente distintas.
Fase I.
Esta fase presenta una cronología c. 1500-920 cal BC. A pesar de las remodelaciones que sufrió el edificio en el inicio de la Fase II, hemos podido documentar diferentes aspectos respecto a la articulación interna del espacio durante esta fase.
En este momento, en el interior de la Naveta únicamente hemos documentado un enlosado que se extiende a lo largo de la mitad E de la zona posterior de la cámara. Al mismo tiempo, se ha estudiado la distribución del material hallado (principalmente restes cerámicos y de fauna) que se concentra en los laterales de la Naveta, lo que nos da pie a pensar que se fue acumulando a través de un uso continuado del espacio en el que se realizaban periódicas limpiezas. Al mismo tiempo, hemos inferido en este momento el espacio doméstico presenta dos ejes de articulación. Uno transversal, situado aproximadamente a unos cuatro metros de la entrada, dividiendo la cámara en dos zonas: una posterior, que ocupa los dos tercios de la superficie, y una anterior que ocupa el tercio restante. Y uno longitudinal, que divide la zona posterior en dos áreas de dimensiones similares.
Respecto a la funcionalidad de las diferentes áreas documentadas, poco podemos decir. Se ha documentado un número importante de fragmentos cerámicos, que si bien aún están en estudio, parece claro que presentan unos grados de fragmentación y de desgaste muy elevados. También son importantes los restos de fauna. El estudio de éstos ha permitido documentar la presencia de la cabaña típica (bóvidos, cerdos, cabras y ovejas). Respecte a los patrones de consumo hemos podido documentar un elevado porcentaje relativo del ganado ovicaprino. En los restos de bóvidos se documentan principalmente el consumo, ya que aparecen únicamente las partes más cárnicas.
A causa de la disposición y el estado de los materiales no hemos podido identificar áreas de actividad concretas, y el conjunto se ha interpretado como un palimpsesto resultado de la deposición de elementos fruto de les actividades realizadas (siempre relacionadas con actividades eminentemente domésticas), la gestión de residuos vigente en ese momento y a la preparación para realizar la reforma que acaba con el inicio de la fase siguiente.
Finalmente, en la zona de la fachada localizamos un enlosado que enmarca la zona de acceso. Este empedrado presenta un estado de conservación perfecto. Las losas que lo formen están trabajadas con cuidado. La secuencia constructiva del enlosado es la siguiente: a partir de una gran piedra central (no trabajada sino natural) se fueron disponiendo las otras con un sistema de hiladas en posición horizontal. Toda la estructura se reforzaba con cuñas falcadas entre las losas, de dimensiones y formas bastante homogéneas.

Planimetría Fase I
Fase II
Esta fase tiene una cronología aproximada c. 1000-800 cal BC (Hernández et alii, 2004; Oliver, 2005) y se caracteriza por presentar en sus inicios una amplia reforma del interior, y por ser la última fase de ocupación y el momento en el que se abandonó el navetiforme como espacio doméstico. Es la fase que mejor está representada en el registro arqueológico.
El eje longitudinal documentado en la fase anterior se amplia, ocupando todo el recorrido de la cámara, y se consolida mediante la presencia de una serie de nuevos elementos fijos. Primero, cuatro tambores de columna, interpretados como las bases de un altillo que ocuparía la mitad E del espacio superior posterior; Segundo, una losa que, en función de las marcas de uso que presenta (puntos de impacto, pulimientos y estrías) y la abundancia de restos de fauna a su alrededor, se ha interpretado como una mesa relacionada con actividades de procesamiento de animales. Y tercero, un mortero falcado con cuñas al suelo (que hoy en día no se encuentra presente en el yacimiento ya que fue retirado para asegurar su conservación) que también debió estar ligado a las tareas de procesamiento de alimentos.
El análisis de los materiales hallados en la zona cercana a la entrada en la que se documenta la mesa y el mortero nos ha proporcionado interesantes evidencias para entender el uso de este espacio. En función de los análisis faunísticos realizados, parece ser que las actividades realizadas aquí estuvieron relacionadas principalmente con la preparación final de los animales para su consumo. Además, se hallaron una gran cantidad de restos cerámicos cuya función aún no está clara por encontrarse en fase d estudio. Una de las cosas que tenemos que tener en cuenta al analizar estos restos es que esta fase representa el último momento de ocupación tanto del espacio doméstico como del poblado y, por tanto, tenemos que tener en cuenta los aspectos culturales de los abandonos (González Ruibal, 1998 y 2003). Por esta razón, pensamos que los artefactos anteriormente descritos, en función de su disposición, en una zona concreta muy cercana a la mesa, y su alto grado de conservación, las restas cerámicas presentan un escaso índice de fragmentación, son elementos rechazados de facto (Schiffer, 1972). Probablemente, estos elementos fueron descartados a causa de importantes cambios en las prácticas de consumo de alimentos; observables, per ejemplo, en la aparición de un nuevo ajuar cerámico y, en general, en los amplios cambios que supuso el paso a la denominada cultura talayótica.
Otro de los aspectos interesantes a nivel estructural en este momento, es la desaparición de los dos enlosados anteriormente descritos, que fueron cubiertos por tierra. Además, justo encima del enlosado de la entrada se construyó un pequeño muro de piedra, con la misma técnica tripartita (paramento interno – relleno – paramento externo) que caracteriza los muros de los navetiformes pero sin el componente ciclópeo. Este muro, que fue retirado durante la excavación, estaba situado transversalmente al muro E del edificio, justo en la entrada, reduciendo su amplitud desde los 2,80m del momento anterior hasta un metro escaso.

Planimetría Fase II
Los cambios producidos en este respecto nos ha permitido trabajar una serie de conceptos relacionados con el carácter público y/o privado del navetiforme. Así pues, hemos podido ver como la estructuración interna del navetiforme cambia a lo largo del tiempo, hallándose las diferencias más significativas en la articulación entre el interior y el exterior del espacio doméstico, es decir, en el grado de privacidad. En un primer momento, fase I, esta separación es mucho más laxa, la amplitud de la entrada no está limitada por ningún elemento fijo (al menos que se haya podido constatar arqueológicamente) y viene definida por los muros de la naveta. Si se reconstruye la iluminación del navetiforme se observa que el tipo de construcción, con una planta alargada, sin ventanas y con una única entrada de luz, supondría que la zona posterior del edificio quedaría en penumbra y en cambio la parte anterior de la cámara estaría bien iluminada por la luz del sol. De esta manera, siguiendo las ideas de Bowser y Patton (2004), que han relacionado la estructuración interna y las características de los accesos de los espacios domésticos con la naturaleza pública/privada de los mismos, se defiende que la zona anterior del navetiforme era el lugar donde el grupo doméstico se relacionaba con el exterior mientras que la parte posterior era una zona con una privacidad reducida y a la que tendrían acceso miembros ajenos al grupo doméstico (si no físicamente si al menos visualmente). En este sentido hay que destacar el papel preponderante del enlosado de entrada que se dispone en el umbral del navetiforme, conectando el grupo doméstico, el interior, con la comunidad, el exterior, y viceversa y cuya losa central se sitúa directamente sobre el fuego de fundación de la estructura que representa también el inicio del grupo doméstico.
En cambio, en la fase II, esta zona pública ha desaparecido. El muro transversal supone una separación con el exterior mucho más firme que delimita claramente el interior y el exterior y que evidencia una voluntad de ocultar el interior del espacio doméstico. Probablemente, todo esto supuso el desplazamiento del locus político a una esfera diferente a la doméstica y el inicio de la limitación de acceso al poder de parte de la comunidad. Este proceso coincide cronológicamente con el abandono de diferentes asentamientos naviformes (Es Figueral de Son Real, Son Oms) y con la aparición de los primeros asentamientos definidos como talayóticos. En éstos últimos los espacios domésticos ya no se monumentalizan a favor de los talayots, que tradicionalmente se han interpretado como lugares en los que tendría lugar la toma de decisiones.

Naveta I. Reconstrucción luz natural Fase I y Fase II
Exterior.
En el exterior de la naveta, en la zona de la fachada, en una disposición semicircular se documentaron trece negativos de poste. Muy probablemente estos negativos estaban relacionados con la ocupación anterior a la Naveta I (c. 1700-1500 cal BC). Adosado al muro NW de la Naveta, durante la campaña de 1999 se documentó un murete bajo, bastante desestructurado, que se dispone en dirección perpendicular al muro del edificio. En este momento poco más se puede decir de esta estructura ya que se encuentra en fase de estudio.